IV
La Casa Viva capítulo 4. De chousa a lousa
De chousa a lousa apenas hay veinte kilómetros, los que separan a los pueblos de Cangas de los de Ibias. En este terreno la lengua asturiana se convierte en gallega (o al reves) en un abanico de variantes fonéticas. La chousa y a lousa son una misma cousa, lajas de pizarra con las que cubrir las casas y los hórreos. En este capítulo vemos a Paco y a Ovidio retejando una lareira, en Marentes (Ibias) y a Jose Ramón rematando la faena en Palacio de Naviego (Cangas). Placas más finas y puntas de acero son las innovaciones más destacables del oficio de cubrir tejados con pizarra, extendido por toda Europa y por el lago cultural que representa la Cordillera Cantábrica Occidental desde hace siglos.
Al final del capítulo podemos ver una pequeña colección de tejados centenarios, gastados y mohosos, y remates de piedra cargados de simbolismo.



En el próximo capítulo veremos como un grupo de animosos vecinos construye una cubierta vegetal para el hórreo de Camilo, en Valdeferreiros. Estoy pensando en llamarlo Tejados de Pan.
Camilo hablará galego-asturiano, distinto a lo que hablaba Jóse en la Braña de la Viña, que es asturiano occidental.